miércoles, 28 de abril de 2021

 

Los gozos

 

Según el erudito José Luis Puerto, los “gozos”es una tradición y práctica devocional -del estilo de lo que puede ser una novena-, pero que, en este caso, tiene la peculiaridad de ser una composición poética en honor de la advocación cristológica o Mariana de que se trate o de santos y santas.

Solían imprimirse en un pliego, generalmente con algún grabado.

En Cataluña, donde fueron muy populares, se llaman 'goigs'.


 


Ver ilustracion y dos ejemplos, uno “Los gozos a Nuestra Señora de la Peña de Francia”, publicado en un librito, de la musicóloga Pilar Magadan, titulado “Fiesta en la Peña de Francia” y otro “Los gozos a San Sebastián” que se ha trasmitido por tradición oral y recogido  en la Alberca (Salamanca):

 

"Los Gozos” a Nuestra Señora de Peña de Francia,

 


 

 

 "De los mortales Señora Vaso lleno de Fragancia Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora.

 

Vuestra imagen venerada yace, cual rico tesoro, entre peñas, como el oro, luengos siglos sepultada, más por fin brilló la aurora que alumbró esta bella estancia. Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora.

 

De los mortales dulce Señora Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

 A Simón fue revelado tras rudo peregrinar aqueste santo lugar con mil gracias encantado. Alegre sonó la hora de premiar tanta constancia Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

 De los mortales, Madre y pastora Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

 Descienda de la alta cumbre el iris de la bonanza, consuelo, paz, esperanza, luz que a las almas alumbre. De la sonriente infancia, de la ancianidad que llora. Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

 De los mortales, Dulce Señora, Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora.

 

Cuando miramos al Risco deléitese nuestra alma como oveja que la calma goza del amado aprisco. Entonces dulce pastora, os decimos con constancia: Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

De los mortales, Madre y Pastora, Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

Al enfermo, el tullido la peste que nos aterra, con su estruendo cruda guerra del mar hórrido bramido. ¿Quién librarnos ha, Señora en tan triste circunstancia? Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

De los mortales, dulce Señora Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

Si tempestad horrorosa fértil comarca amedrenta o quitar el pan intenta sequía asaz pesarosa, mustio el labriego os implora con firme perseverancia Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

 De los mortales, Madre y Pastora Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

 Si el mísero pecador afligido siente el pecho todo en lágrimas deshecho prorrumpirá con dolor: Oh áncora salvadora detesto necia arrogancia Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

De los mortales, Dulce Señora Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

Ante ese trono postrado hállense vuestros devotos ofreciendo sacros votos en gratitud prosternados. Todos canten en buen hora de tus dones la abundancia: Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

De los mortales, Madre y Pastora Virgen de Peña de Francia sed nuestra fiel protectora

 

Gozos a san Sebastián

 

¡Oh Sebastián! Ejemplar

de invicta y santa paciencia

dignaos a Dios rogar

nos libre de pestilencia

 

De ilustres padre nacisteis,

en gracia fuisteis cabal,

honras grandes adquiristeis,

en la corte imperial

 

Mas vos para Dios amar,

despreciáis tanta excelencia

predicando muy ferviente

en Roma, según se ha visto,

a la fe de Jesucristo-

Pues para almas conquistar

Él os dio grande elocuencia.

 

Furioso el emperador,

mandó a la cárcel llevaros,

y en seguida con rigor,

en un tronco asaetearos.

Allí se pudo admirar

vuestra constante creencia.

 

En el tronco asaeteado,

atrozmente padecisteis,

 y por milagro curado,

a fieros palos moristeis.

 

De dos martirios pasar,

sólo vos dais experiencia.

Vuestras carnes destrozadas,

con el martirio espantoso,

fueron por desprecio echadas

emulador asqueroso.

 

Por lo que os place abogar,

contra peste y su influencia.

El pasmoso valimiento

que tenéis para con Dios.

hace que en todo momento,

nos postremos ante vos,

anhelosos de lograr

vuestra eficaz asistencia

 

No atendáis nuestro pecado,

cuando tristes y gimiendo,

os pedimos que librados,

seamos de este mal tremendo,

que torvo quiere acabar

con la mortal existencia

 

El Rey todopoderoso,

por quien muerte habéis sufrido,

mostrándose generoso,

con vos se ha comprometido

vuestros devotos guardar

de contagiosa dolencia.

 

¡Oh Santo de Dios querido!

pues tanta es vuestra virtud,

al que os aclama rendido

conceded cabal salud,

preservadle de pecar

y de infernal dependencia.

 

¡Oh esforzado militar,

Mártir de grande potencia

dignaos a Dios rogar

nos libre de pestilencia!

 

 


El motivo de poner en este sencillo blog, estos dos ejemplos, es la necesidad de implorar a Dios, por mediación de la Santísima Virgen y San Sebastián, que nos libre de la pandemia que llevamos padeciendo más de un año, con la esperanza, que nuestras peticiones no caerán en “saco roto”

miércoles, 21 de abril de 2021

 

La pesca milagrosa y la inmunohemoglobulina

Texto del Evangelio (Lc 5,1-7): En una ocasión, Jesús estaba a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre Él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.



Echa las redes

Desde que Tú te fuiste

no hemos pescado nada.

Llevamos veinte siglos

echando inútilmente

las redes de la vida,

y entre sus mallas

echando inútilmente

las redes de la vida,

y entre sus mallas

sólo pescamos el vacío.

Vamos quemando horas

y el alma sigue seca.

Nos hemos vuelto estériles

lo mismo que una tierra

cubierta de cemento.

¿Estaremos ya muertos?

¿Desde hace cuántos años no nos hemos reído?

¿Quién recuerda la última vez que amamos?

 

Y una tarde Tú vuelves y nos dices:

 

«Echa la red a tu derecha,

atrévete de nuevo a confiar,

abre tu alma,

saca del viejo cofre

las nuevas ilusiones,

dale cuerda al corazón,

levántate y camina».

Y lo hacemos sólo por darte gusto.

Y, de repente, nuestras redes rebosan alegría,

nos resucita el gozo

y es tanto el peso de amor

que recogemos

que la red se nos rompe cargada

de ciento cincuenta esperanzas.

¡Ah, Tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla,

camina sobre el agua

de nuestra indiferencia,

devuélvenos, Señor, a tu alegría

 

José Luis Martín Descalzo

 

¿Qué tiene que ver la inmunoglobulina, en este relato?. Se muy poco sobre temas complicados de la biología, y por ello, quiero aprender, Poco puedo; pero algo sí. Y esta mañana he leído en el capítulo 2 del libro “Sobrenatural” de Joe Despenza,  Ed. Urano, que la inmunoglobulina es una sustancia química increíblemente poderosa, mejor que cualquier medicina y que cualquier vacuna.

Vamos por la vida, como “tontines”, que diría Fructuoso Mangas, pescando pececillos, con nuestras pobres redes, inmersos en la rutina “de andar por casa”, ayer igual que hoy y lo mismo que mañana. Toda la noche pescando y no consiguiendo nada. Y para remate, aparcamos las barcas en la orilla.

Es necesario, que alguien con autoridad nos invite a “bogar mar adentro y echar las redes de nuevo”; que es lo mismo que el camino de vuelta de los Reyes Magos, después de la Epifanía, “por otro camino”

Pues bien. A eso nos invita Joe Dispenza en el libro Sobrenatural, en el capítulo 2; pero antes hay que leer todo lo precedente, que es un poco la descripción de nuestra “pesca pobre”

¿Cómo hacerlo? Aquí no hay espacio ni tiempo, para una cuestión tan compleja, que el autor va desgranado a lo largo de más de 300 páginas. Sólo copio unas citas de la página 68, que pueden servir de aldabonazo a nuestra vida rutinaria:

Si la energía se concentra allí donde enfocas la atención,… en el instante en que la enfocas en una emoción con la que estás familiarizado, tu atención y tu energía viajan al pasado. Si esas emociones primitivas se encuentran conectadas con algún suceso antiguo que involucra a una persona u objeto en un tiempo y espacio determinados, tu atención y tu energía están en el pasado también… Del mismo modo si empiezas a pensar en tus compromisos, en las tareas pendientes y a los lugares a los que debes acudir en ciertos momentos de tu rutina diaria, estás invirtiendo tu atención y tu energía en un futuro predecible”. En ambos casos, toda tu energía se encuentra plenamente incorporada a las experiencias conocidas de esa cronología determinada. Tu energía crea más de lo mismo, y tu cuerpo seguirá a tu mente a los mismos acontecimientos de una realidad idéntica. Tu energía abandona el momento presente para acudir al pasado o al futuro. En consecuencia, te queda muy poca energía para crear una experiencia inesperada en una nueva línea de tiempo”.

Es decir, hemos estado toda la noche pescando y no conseguimos nada y hemos llevado las barcas a la orilla.


Después de echarle un vistazo a este gráfico que viene en la página 78 del libro, en que cada vértice de cada rayo, ha creado una red neuronal, según el autor ¿queda espacio, para “pescar más”? y continua, pág. 68

 “Así que te haré una pregunta: ¿sería posible que tu cuerpo empezara a seguir a la mente a lo desconocido? Porque si consideras la posibilidad ya habrás deducido que tendrías que enfocar la atención en otra parte, y eso implicaría un cambio de energía, lo que involucraría cambiar tu manera de pensar y de sentir el tiempo suficiente como para dar cabida a algo distinto”

Y en eso consiste en volver a bogar mar adentro y echar las redes por “el otro lado”. Espero que este indicador pueda servirle a alguien, como me está sirviendo a mí; pero el indicador no es el camino. Tampoco lo es leer las 300 páginas de este libro, que más que indicador es un GPS; hay que salir y remar con esperanza, bajo la guía de la “Stella Matutina”


viernes, 26 de febrero de 2021


El autor de la teoría del Big-Ban, era un sacerdote católico

 


Es un hecho poco conocido. Anoche lo leí en el magnífico libro La Biblia de principio al fin. Una guía de lectura para el mundo de hoy, de Albero de Mingo Kaminouchi, ediciones Sígueme, en el apartado 3. La ciencia moderna ante el Génesis, página 45. Tomo una pequeña nota de esa página: “A inicios del siglo XXI, sabemos más acerca del universo y su evolución que nunca antes en la historia. Las ecuaciones de campo de Einstein, resultado de la Teoría de la relatividad general, hicieron posible por primera vez, en el año 1915, una comprensión global del espacio-tiempo. Observaciones astronómicas y predicciones teóricas convergieron en 1931 en lo que su autor, el sacerdote católico  Georges Lamaître, llamó la teoría del átomo primigenio, rebautizada en 1959 como la teoría del Big Bang” y aquí aparece una nota a pie de página en la que dice: “El hecho de que fuera el sacerdote católico P Lamaître el creador de la teoría que hoy llamamos del Big Bang merece ser más conocido. Lamaître partió de una solución matemática de la ecuación de Einstein que predecía un universo en expansión. En un principio Einstein no estaba de acuerdo con este resultado, pero terminó por reconocer su error. Lamaître y Einstein se hicieron amigos cuando el sacerdote ayudó al científico a establecerse en Bélgica tras la subida de Hitler al poder. Cf. D. Lambert, Un atome d’univers: la vie et l’oeuvre de George Lemaître, Namur 2011

Ante el misterio de la Creación, sólo vale alabar al Señor Dios Padre creador y aquí lo haremos con este bello himno de laudes:

 

Alfarero del hombre, mano trabajadora

que, de los hondos limos iniciales,

convocas a los pájaros a la primera aurora,

al pasto, los primeros animales.

De mañana te busco, hecho de luz concreta,

de espacio puro y tierra amanecida.

De mañana te encuentro

Vigor, Origen, Meta

de los sonoros ríos de la vida.

El árbol toma cuerpo, y el agua melodía,

tus manos son recientes en la rosa;

se espesa la abundancia 

del mundo a mediodía,

y estás de corazón en cada cosa.

No hay brisa, si no alientas,

monte, si nos estás dentro,

ni soledad en que no te hagas fuerte.

Todo es presencia y gracia.

Vivir es ese encuentro:

Tú, por la luz; el hombre, por la muerte.

¡Que se acabe el pecado! 

¡Mira que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

Que el hombre no te obligue, 

Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra

jueves, 25 de febrero de 2021

 

Una propiedad de los números impares

La leí en la revista SUMA, en el número 19, de 1995, un artículo publicado por Ricardo Barroso Campos, en donde se enuncia esta propiedad, que describiré enseguida y se habla de Nicómaco de Gerasa, filósofo griego, del que yo, ignorante de mí no conocía, aunque es posible que me lo explicaran en mi juventud, cuando estudié Preuniversitario; pero que se me ha olvidado.

La propiedad dice: Si agrupamos la sucesión de los números impares, en conjuntos de 1, 2,… n números: 

a1, (a2, a3), (a4,a5,a6), (a7, a8, a9, a10),..  La suma delos números de cada conjunto, es igual al cubo del número de orden, que ocupa ese conjunto, en la sucesión: T1, T2,... Tn,….  de dichos conjuntos, lo primero que tenemos que ver es la relación de n con el primer elemento de cada conjunto. Si observamos un poco nos damos cuenta que los primeros números de cada uno de ellos, forman la sucesión 1, 3, 7, 13… cuyo término general es n2-n+1, por tanto el primer elemento de cada conjunto Tn  es n2-n+1, y el último n2+n-1 ( según el término  general de las progresiones aritméticas, sería el termino n, de una progresión cuyo primer término es n2-n+1 )

Lo más difícil ya está. La demostración es fácil, por inducción completa: si se cumple para el primero y se cumple para un conjunto cualquiera y para el siguiente. Se cumple siempre: 

1.- Es evidente que se cumple para T1: 1=13

2.- Se cumple para Tn: el primer término es, como hemos visto, n2-n+1. Todos los números de este conjunto forman una progresión aritmética de n términos, de diferencia 2, por lo que no hay nada más que la fórmula de la suma: (el primer término+ el último) por el número de términos dividido por dos, es decir: (n2-n+1 + n2+n-1)*n/2 =n3

3.- Si se cumple para Tn, se cumple para Tn+1. No hay más que tener en cuenta que el primer número de ese conjunto es (n+1)2-(n+1)+1 y el último (n+1)2+(n+1)-1. Todos forman una progresión aritmética de n+1 términos cuya diferencia es 2. No hay más que aplicar la fórmula de la suma y el resultado es: (n+1)3  y ya está. Se cumple, por tanto la propiedad

miércoles, 24 de febrero de 2021

 

Jesucristo, una propuesta de vida


Hace unos días, redescubrí este blog, que tenía casi olvidado. Y fijándome en el título que tenía: “Escribiendo aprendo”,  que acabo de cambiar, me he planteado hacerlo realidad y como nada sucede por casualidad, o lo que es lo mismo, eso que llamamos casualidad en realidad no existe, sino una concatenación de hechos, dirigidos por Alguien, que conducen a un fin, que a su vez es un comienzo, que nos lleva a otro fin-comienzo… como el chocolate, que tiene en la envoltura  pintada “la negra que tiene una tableta que tiene en la mano una tableta de chocolate que tiene pintada en la envoltura una negra que tiene pintada….”

Y porque cada día aprendemos una lección, pequeña, muy pequeña, ante la inmensidad de  nuestro ser, de nuestro entorno, y del universo entero. ¿Qué es el hombre? Un infinitésimo, como en el cálculo infinitesimal; pero ¡Ojo!, la suma de infinitos infinitésimos, puede ser infinita.

Pero, no he terminado: ¿Qué es el hombre, para que Te acuerdes de él?, dice el salmo ¿Y quién se acuerda? Dios en su infinita misericordia, se ha acordado de este “infinitésimo” y ese mismo Dios, se ha encarnado en su Hijo Jesucristo, que nos redimió por su pasión y muerte, para resucitar de entre los muertos.

¿De dónde me viene la inspiración, a mi ignorante y temeroso mortal? Me da igual, venga de donde, venga, como decía Santo Tomás, viene del Espíritu Santo. Y siguiendo un poco el rastro de la génesis de este humilde escrito, hace unos días, una amiga envió por “wasap”, una información sobre un libro del dominico Jesús Espeja y como yo, quiero aprender, creí que tal libro era uno que tengo desde 2010. Por cierto recuerdo cuando lo compré, que coincidí en la librería con Fructuoso Mangas, que ahora sigue estando con nosotros, en otra dimensión, no en esta. Y a lo que iba: no es ese libro, es otro, la portada está en la foto insertada. El título es el que está puesto al principio y la editorial es San Pablo.

Decido pues, aprender de las enseñanzas que puede darme este libro, que no serán pocas y por eso, quiero compartirlo, no sin antes advertir, que no voy a hacer un resumen, ni nada por el estilo, del mismo. Me servirá de soporte, en otros escritos que haga, para aprender. Lo primero que hago es echarle un vistazo al prólogo, en el que el autor en la primera página afirma: Jesucristo “palabra siempre nueva en las nuevas situaciones  con sus interrogantes que van tejiendo nuestra existencia. Ningún maestro, profeta o evangelista puede agotar el misterio de Dios que los cristianos creemos revelado en la conducta histórica de Jesucristo.

El autor apunta a la motivación de su punto de partida, que coincide en parte con la mía, salvando la enorme distancia entre el saber teológico del P. Jesús Espeja y mi gran ignorancia. A saber, indica la situación que le toca vivir y su convicción de que  Jesucristo es luz y camino para  esa plena humanización.

Ayer en la clase “On-line” del dominico Francisco Fassio dijo una frase rotunda: “Pase lo que pase, no pasa nada, porque yo sé de quién me he fiado” y ese es Jesús, el que cruzó los caminos de Galilea, calmó tempestades, sanó a los enfermos, resucitó  a muertos y el mismo se inmoló en Jerusalén, pero triunfante resucitó al tercer día de morir en la cruz.

Tal vez no haya mucho que aprender, pues todo se resume en esa frase, si nuestra fe es verdadera, como el abad Vitila, que entendió la eternidad en el canto de un pajarillo; pero es bueno que mantengamos el ansia de saber y de perfeccionarnos. Y es bueno sentirnos humildes: hoy, después de 10 años de la publicación de este libro, necesitamos más que nunca, la plena humanización; en efecto, hace poco más de un año, se pensaba que nos habíamos hecho “casi” inmortales, incluso en las conferencias de San Esteban, se nos decía que los avances de la ciencia, inteligencia artificial, medicina, informática,… nos hacían creer eso. La ciencia, se había vuelto un Titánic, avanzando sin cesar por el mar de la historia, en la que “ni Dios ni los mares podrán contra ella”, como recuerdo haber oído a D. Saturnino, el cura de mi pueblo, cuando yo tenía 7 u 8 años. Mira por donde, en ese mar, había un inoportuno bloque de hielo.

Y mira por donde que a principios del año 2020, aparece un virus, que nos hace andar precavidos, con mascarillas y confinamiento; pero por desgracia, seguimos casi igual de soberbios, ya que la ciencia, otra falacia, ha descubierto vacunas en tiempo record. Que se lo digan a miles de personas que han perdido a los padres, maridos, esposas hijos, de la noche a la mañana, sin ni siquiera haber podido despedirse de ellos. ¿Qué ha hecho la ciencia ante tanto dolor?.. Además, la sociedad ha perdido la poca fe que tenía, cuando se escribió este libro, en la que el autor apunta: “Esta nueva situación cultural es muy compleja y no resulta nada fácil a la Iglesia encontrar nueva presencia pública para ofrecer el  Evangelio. Hace varias décadas, el Vaticano II puso buenas bases para el diálogo de la Iglesia con el mundo moderno; pero no sólo porque los cambios de mentalidad son muy lentos, sino también porque la misma sociedad está continuamente cambiando…” Y efectivamente, estos cambios se han notado mucho más en estos últimos diez años, que hace que se publicó el libro

Y más adelante, nuestro autor  afirma: “En este panorama social y eclesial dejo caer mi convicción: Jesucristo puede ser una ampliación del horizonte humano para esta sociedad que, buscando felicidad y vida, se ve frustrada en sus deseos más legítimos. También es clave referencial para la Iglesia que debe renovarse continuamente para mantener viva su identidad cristiana

Y ahora al terminar esta entradilla, afirmo que algo he aprendido: “Sin ti, Señor Jesús nada soy; pero contigo lo soy todo” AMEN

lunes, 4 de marzo de 2019


      Del sufrimiento a la paz.

Pinceladas del primer capítulo del libro del
 P. Ignacio Larrañaga

La paz es criterio seguro de la presencia de Dios
Lo repite el P. Ignacio en sus charlas

Hay personas que funcionan socialmente bien mediante mecanismos de disimulo (los enfermos no consiguen disimular) o de sentido común, pero interiormente son tristeza y dolor. Estos no son “enfermos”, no tienen síntomas patológicos; pero sufren una agonía mortal, y, con frecuencia, ni siquiera saben por qué.
Pág. 21 de este libro

La clave de la salvación es dejar que las cosas sean como son, contemplando y considerando todas las cosas como buenas.
Pág. 45 del este libro
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He comenzado a leer el libro del P. Ignacio Larrañaga, “Del sufrimiento a la paz” y quiero compartir lo poco que he leído, no sin antes advertir, que no quiero dar lecciones a nadie, pues ya sabéis el dicho: “Cuando el discípulo está preparado aparece el maestro” y yo no soy más que un discípulo, que está preparándose, a la espera del maestro, que por ahora es Ignacio Larrañaga. Queda mucho por aprender.

Al comenzar, el primer capítulo, en la página 12 del citado libro leemos: “Se dice: mientras haya a mi lado quien sufra, yo no tengo derecho a pensar en mi felicidad.
Estas palabras suenan muy bien, pero son falaces. Tienen una apariencia de verdad; pero en el fondo son erróneas. A la primera observación del misterio humano saltarán a nuestros ojos una serie de evidencias como estas: Los amados aman. Sólo los amados aman. Los amados no pueden dejar de amar.
Sólo los libres liberan, y los libres liberan siempre. Un pedagogo modelo de madurez y estabilidad hace de sus discípulos seres estables y maduros, y esto sin necesidad de muchas palabras. Lo mismo sucede con los padres respecto a sus hijos. Y, por el contrario, un pedagogo inseguro e inhibido, aunque tenga todos los pergaminos doctorales, acaba envolviendo a sus discípulos en un halo de inseguridad.

Los que sufren hacen sufrir. Los fracasados necesitan molestar y lanzar sus dardos contra los que triunfan. Los resentidos inundan de resentimiento su entorno vital. Sólo se sienten felices cuando pueden constatar que todo anda mal, que todos fracasaron. El fracaso de los demás es un alivio para sus propios fracasos; y se compensan de sus frustraciones alegrándose de los fracasos ajenos y esparciendo a los cuatro vientos noticias negativas, muchas veces tergiversadas y siempre magnificadas. Una persona frustrada es verdaderamente temible.

Los sembradores de conflictos, en la familia o en el trabajo, siendo perpetuamente espina y fuego para los demás, lo son porque están en eterno conflicto consigo mismos. No aceptan a nadie porque no se aceptan a sí mismos. Siembran divisiones y odio a su alrededor porque se odian a sí mismos”

Después de este párrafo, que acabáis de leer, ¿Qué puedo añadir yo? Poca cosa ciertamente. Si miramos a nuestro alrededor, no vemos más que reflejos de la última parte del párrafo, incluso, casi “predicadas” por la pantalla de casi todas las televisiones. ¿Dónde están los que aman, los libres, los verdaderos pedagogos, de la vida? Están, cierto es; pero por desgracia, los medios audiovisuales, no amplifican su labor ni su palabra e incluso el “Gran libertador” Jesús de Nazaret, tiene su voz apagada por las voces y hazañas, de los ídolos de turno. Por poner un ejemplo, hace poco vi una entrevista de un famoso presentador de televisión al P. Fortea, que casi se escandalizaba porque el P. Fortea no sabía quién era Messi. El, por supuesto, el presentador se declaraba ateo, así es que aunque hubiera oído hablar de Jesucristo, no lo conocía.

Lo dicho, estoy aprendiendo, espero conseguirlo, irradiar la luz, a la que alude el P. Ignacio, pues según él sólo los iluminados, y aquí no hay que darle el sentido peyorativo que se le da a esta palabra, pueden irradiar luz. En eso estoy y puedo añadir que apenas he leído superficialmente el primer capítulo de este libro, para darme cuenta que es un regalo de Dios, el tenerlo en mis manos, aunque resalto lo que el autor dice: no basta con leerlo, ni releerlo, hay que trabajar, con perseverancia y sin desánimo las tareas que propone. Los frutos serán abundantes, no sólo para nosotros, sino para las personas que viven en nuestro entorno, pues la felicidad se contagia, al igual que el enfado, la agresividad, la M.L. (léase “leche agriada”), el egoísmo y toda clase de pecados capitales.

Una pincelada de esta lectura, un tanto "por encima" la resumo, diciendo que tenemos que empezar por nosotros mismos, como ya he indicado "sólo haremos felices a los demás, si nosotros lo somos", lo cual no implica buscar exclusivamente la felicidad de un modo narcisista, que acaba en el vacío y en la desolación. Tenemos dos caminos en nuestra vida, uno es agonizar, lo que nos lleva a la desolación y a la muerte y otro es vivir, eliminando el sufrimiento.

El hombre, al tomar conciencia de sí mismo, lo llevó a la pérdida del paraíso. Tuvo que aprender a vivir con la aparición del sufrimiento y así hasta nuestros días. Es precisamente la intención del P. Ignacio, mitigar en lo posible este sufrimiento, al escribir este libro y lo expresa del siguiente modo en la página 19, dentro del apartado La maldición de la mente, “… coincidiremos con E. Fromm, que “la mente humana es la bendición y la maldición para el hombre”. Es verdad que la Historia está lanzando sin cesar desafíos… como acabar con las guerras, la pobreza… pero por encima de las altas tareas que la Historia pueda encomendar al hombre, su quehacer fundamental y transhistórico es y será siempre: qué hacer y cómo hacer para llegar a ser dueño de su propia mente, de sí mismo. Dicho de otro modo: qué hacer para que la mente sólo sea fuente de bendición”

A continuación en el apartado Unos amigos para el camino, anuncia que en el capítulo III desarrollará ampliamente “tareas” para ello, anticipando aquí cuatro puntos, o pilares:

1.     Salvarse a sí mismo
2.     Despertar
3.     Paciencia
4.     Poder mental
Mi intención es ahora, es “subrayar” lo que sigue desde la página 19 hasta la 36, sin mayores comentarios, pues como terminaba la entrada, no soy yo nadie para decirle a otro lo que tiene que hacer. Muestro simplemente por donde se puede ir, según la guía que el P. Ignacio Larrañaga muestra en este libro, los pasos los tiene que dar el que busca. Imagínate que estás en tu ciudad y viene un turista que te pregunta por donde se va a la catedral. Se lo explicas  y el turista se sienta en el banco que está próximo. ¿Llegará así a la catedral?
Dicho lo dicho, comenzamos con rotulador fluorescente a subrayar el libro, sin mayores comentarios.
1.- Salvarse a sí mismo. De la página 21 a la 23: “… no se trata de salvar: esto es, una acción dinámica por la que alguien libra a otro de un peligro… Hablamos de salvarse: esfuerzo por el que uno mismo, con sus propios medios, se pone a salvo evitando caer en un peligro o saliendo de una situación mortal…. Nos referimos a ciertas iniciativas que cualquier persona puede utilizar, a modo de autoterapias, para mitigar el sufrimiento… salvarse del miedo, tristeza, angustia, vacío de la vida… Es uno mismo quien puede y debe salvarse asimismo, para adquirir de esta manera la tranquilidad de la mente y el gozo de vivir…

Cuando decimos salvarse no nos estamos refiriendo a enfermedades o disfunciones mentales… Hay personas que funcionan socialmente bien mediante mecanismos de disimulo (los enfermos no consiguen disimular) o de sentido común, pero interiormente son tristeza y dolor. Estos no son “enfermos”, no tienen síntomas patológicos; pero sufren una agonía mortal, y, con frecuencia, ni siquiera saben por qué… Sacan a relucir sus problemas matrimoniales o profesionales; pero… su problema es la sensación que tienen de que la vida se les escapa sin haber vivido… Sin poder explicárselo se sienten asediados por el vacío… sienten una desazón general y un cansancio vital…

Frente a este panorama, salvarse significa ir suprimiendo o disminuyendo las fuentes del sufrimiento, mediante ejercicios y prácticas, [que se darán más adelante en este libro]… y esta sagrada tareas nadie la hará por mí o en mi lugar… En las emergencias de la vida,… nos encontramos con el consejo de un maestro,… con un especialista,… con la veteranía y el cariño de los padres. Entre todos ellos, sin embargo no conseguirán salvarme.
Las orientaciones y consejos no tienen una eficacia salvadora automática por el hecho que provengan de un maestro experimentado… Al final no existe otro “salvador” de mí mismo que yo mismo…”

2.- Despertar. De la página 23 a la 27: “Despertar es el primer acto de la salvación. La conciencia es como una isla, de pocos kilómetros cuadrados, situada en medio de un océano de profundidades insondables y horizontes casi infinitos. Este océano se llama subconsciente”…

El hombre por lo general, es un sonámbulo que camina, se mueve… pero está dormido…a veces da la impresión de ser un títere movido por hilos misteriosos e invisibles.

Es el mar profundo del hombre, el lado irracional que, mediante mecanismos que parecerían sortilegios, lo van llevando en direcciones inesperadas… ¿Funciona todavía la libertad? Cuantas veces el hombre no entiende nada. Y sufre

Sufre porque está dormido… y dormir significa estar fuera de la objetividad… Dormir significa estar fuera de la objetividad… proyectar mundos subjetivos sobre los sucesos exteriores. Las inseguridades y temores son, por lo general, hijos de una obsesión.

… Es preciso despertar. Y despertar es salvarse; es economizar altas cuotas de sufrimiento…, es el arte de ver la naturaleza de las cosas, en uno mismo y en los demás, con objetividad, y no a través del prisma de mis deseos y temores…

Siempre que te sorprendas a ti mismo, en cualquier momento del día  o de la noche, agobiado por la angustia o el temor, piensa que estás dormido o soñando; haz una nueva evaluación de los hechos, rectifica tus juicios… Dedícate asiduamente al ejercicio de despertar. Siempre que te encuentres turbado, levanta la cabeza y sacúdela; abre los ojos y despierta. Muchas tinieblas de tu mente desaparecerán, y grandes dosis de sufrimiento desparecerán.!

3.- Paciencia. De la página 27 a la 34: “… el equipo instintivo (en los animales) los conduce certeramente por los caminos de la supervivencia. No suceda así con el hombre. Una vez nacida, la criatura humana es el ser más desvalido de la creación. Todo lo tiene que aprender…

Aprende en suma a utilizar la inteligencia, en lugar del instinto… y el uso de la inteligencia obliga al hombre a utilizar un complejo proceso de análisis,…todo lo cual involucra grandes incertidumbres e impredecibles emergencias…

Vivir es el arte de ser feliz; y ser feliz es liberarse, en mayor o menor grado, de aquella ansiedad que, de todas formas, seguirá porfiadamente los pasos humanos hasta la frontera final…

Cuando decimos paciencia, queremos significar esfuerzo, orden y dedicación en la práctica de los ejercicios de autocontrol, relajación, meditación… (que más tarde se presentarán en este libro)…

El día menos pensado, cuando crías haber dado pasos decisivos hacia la tranquilidad mental, entras inesperadamente en una fatal crisis de angustia. Cualquier día vas a sentirte hastiado de todas estas “terapias” y caminos de paz, con la aguda sensación de estar perdiendo el tiempo… No te asustes contigo mismo. ¡Despertar!: saber que las cosas son así, y aceptarlas como son, he ahí el misterio de la paciencia. En realidad estás avanzando; pero este ascender está cuajado de retrocesos, vacilaciones y altibajos. Acepta con paz esta realidad...”

4.- Poder mental. De la página 34 a la 36, final del capítulo: “Las cosas existen en la medida que existen en mi mente. Si estás profundamente dormido, nada existe para ti en ese momento. Aunque… esté ardiendo la casa de tu vecino, para ti nada sucede…

Se trata  de adquirir un poder tan omnímodo sobre mi mente, que pueda interrumpir a voluntad su funcionamiento, cuando me dé cuenta que pueda interrumpir a voluntad su funcionamiento cuando me dé cuenta de que está siendo dominada por recuerdos desabridos o memorias dolorosas…
No hay peor prisión ni más dura esclavitud que una mente ocupada obsesivamente por evocaciones quemantes y complejos torturadores. Como mayor libertad de tener a mano la llave que puede abrir y cerrar el curso de la actividad mental. Soberanía quiere decir ser el árbitro de mí mismo, de mi actitud interior….

Este es, pues, uno de los medios más poderosos de liberación. Con este fin (en este libro)  ofreceremos numerosos ejercicios para que el lector, a través de un paciente y constante entrenamiento, pueda alcanzar la capacidad de desconectar a voluntad el motor de su mente, de manera que se apaguen los fuegos y el alma se transforme en un huerto placentero.”

Y hasta aquí, mi subrayado. No sé si ha sido exhaustivo, o se ha quedado corto, o me he pasado. Tú, amigo lector/a, tal vez hubieras hecho otro; pero lo importante es ponerse a caminar. No se puede ir a la catedral, sentado en un banco del parque, por muy bien que se conozca el camino, ni subir a la Peña de Francia, mirando, aunque sea con todos los detalles, el plano del sendero. Es necesario, armase de bastón, buenas botas de montaña, mochila con el agua y, si puede ser una tortilla, con pan, chorizo, lomo, jamón y esto es lo importante: ponerse a caminar por la empinada cuesta. Lo otro tal vez sea accesorio. Hay quien ha subido descalzo, cumpliendo una “manda” a la Virgen de la Peña.
Y ya está. Seamos como Ulises, en el camino hacia Ítaca. Tapémonos los oídos ante los cantos de sirena y sorteando los peligros vayamos a la conquista de la felicidad. Yo el primero. Me está gustando el libro y este primer capítulo ya lo he releído; pero tengo que seguir. Con paciencia y despertando de las anestesias, que nos impone la vida de ahora, que son muchas. No vaya a ser que sabiendo donde está la “perla preciosa”, nos contentemos con las de bisutería.

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jueves, 24 de agosto de 2017

Algo sobre Sincronicidad

Cuando se revelan las sutilezas de la naturaleza se descubre que distan de ser simpes mecanismos, de modo que la mente ya no parece ser ajena al universo.
F. David Peat en Sincronicidad, pág. 48


Ante de comenzar, quiero a gradecer a Nati, el estar escribiendo esto, pues ayer me dio un “tirón de orejas” por no haber vuelto a escribir y dicho esto, diré, que si en aquella tarde de septiembre de 1967, no hubiera visto desde el tranvía de la C. Universitaria de Madrid a una persona, es posible que ahora estuviera haciendo otra cosa.
Todos hemos sentido determinadas coincidencias, “inexplicables”, que han cambiado el rumbo de nuestra vida o nos han sacado de un atolladero. La expresión “vi el cielo abierto”, suele pronunciarse este caso y así es, pues lo que parecía un problema de difícil solución, ya no es ni siquiera problema. Recuerdo, una anécdota, que me ocurrió, allá por los lejanos años 70, en que lógicamente no había teléfonos móviles. Resulta que tenía que seguir a un autobús que lo llevaban al taller, con un Seat 124, para recoger al conductor, una vez dejado el autobús a reparar y un semáforo se puso rojo, justo al pasar el autobús, al que yo seguía. Me vi en medio de Madrid, sin saber dónde estaba. Al ponerse el semáforo verde arranqué y de repente vi el “caballo de Pegaso” en un rótulo de un taller y entonces  “vi el cielo abierto”.
Siempre me han llamado la atención estas coincidencias y he leído a Jung, que las explica; pero no he acabado de entender su teoría. He pensado que es la Providencia, que vela por nosotros. El “Padre Eterno”, que “no permite que caiga un cabello de nuestra cabeza, sin que Él lo permita” y así es; pero esto tampoco es explicación, es fe, que “complementa al entendimiento”, según cantamos en el “Tantum ergo”: “Prestes fidei suplementum, sensuum defectui”. ¿Cómo entonces explicar esto?
Pues bien, estoy ahora leyendo el libro “Sincronicidad, puente entre mente y materia”, de F. David Peat, que está agotado; pero que afortunadamente, lo he conseguido en PDF y algo explica y puede que tenga razón. Para empezar, después de comentar en el primer capítulo un poco, sin profundizar demasiado, la relación ente el Psiquiatra C.G. Jung y el físico Pauli, en el segundo capítulo, aborda la cuestión del “Universo mecánico” y como el paradigma actual es el  “científico”: causa-efecto, mecánica newtoniana. Si cae la manzana hay gravedad y porque hay gravedad, cae la manzana. El principio de inercia, de Newton”, que estudiamos en la física del bachillerato. Los principios de la Termodinámica. Complicando los procesos, desde la partida de billar, pasando por el tenis, el fútbol, el tráfico, el crecimiento de las  plantas, bacterias, movimientos sociales, etc… ya son muchas variables causales y los efectos se escapan y para colmo aparece la teoría del Caos y la física cuántica…

La pregunta es, ¿Hay algo más? Y la respuesta del autor, en capítulos sucesivos, es sí, efectivamente, hay patrones en el universo, que ensamblan la mente y la materia. El “paradigma científico”, que impera en Occidente desde la ilustración, no sirve; pero eso lo dejaremos para otra entrada sobre este tema.